Gracias al Señor tuve la gran oportunidad de participar de nuevo en el campamento regional de jóvenes de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Este año se realizó en el base militar de Puerto Madryn.
Lo pasamos re-bien todos. Todos los días nos levantaron alrededor de las 8 (creo), para el desayuno a las 9. Luego nos separamos en los grupos de trabajo para hacer deberes como: limpiar el hangar, el pasillo, los baños o la cocina (si te tocaba servir.) El culto de la mañana era supuestamente a las 11, pero obviamente ¡nunca empezamos a tiempo! Después nos dieron un poco de fideos, o arroz, o polenta para lo que llamaban el almuerzo. A la tardecita había tiempo para dormir la siesta, pero todos lo aprovechaban para estar en el patio hablando, jugando al truco y/o tomando mate. Los estudios bíblicos eran a las 3 y media, y ahí separamos en 2 grupos (los mayores de 18 con Raul y Quique, y los menores con los demás.) Tomamos una meriendita entre los estudios y el tiempo de la playa. Tuvieron que ir caminado 2 km. para llegar a la playa (digo "tuvieron", porque yo nunca fui caminando.) Pero igualmente se fueron casi todos y se divirtieron mucho: tomando algo de sol, nadando, jugando al fútbol, o simplemente caminando por la playa. Volvíamos y se llenaron las duchas en seguida, dejando solo un chorriecito de agua helada para las chicas que llegaron un poquito tardes. Para la puesta de sol siempre tenían que llamarnos para ir porque no nos dábamos cuenta que ya era tarde. La cena seguía y después reunión de oración para los que querían participar. Y... como en todos campamentos, terminamos el día con un fogón. Y antes de ir a la cama siempre (después que la convencemos) nos cantaba Marion Evans. (¡Gracias Marion!)
Personalmente, me re-llegó el mensaje del campamento. Renové mi aceptación del invitación del Señor. Aprendí como mejor permanecer en Cristo. Y últimamente salí de ahí con la intención de llevar siempre puesto el evangelio, para poder compartirlo con todos con las cuales estoy en contacto. Mientras tanto, pude hacer mucho más. Acompañé a un amigo nuevo hasta su nuevo mejor amigo [Jesús]. Canté a Dios como nunca había cantado antes (con pura corazón, porque ya no me alcanzaba la vos.) Escuché el equivalente de un coro de ángeles cantándole también. Me di cuenta que un "Amigo es más profundo," y "Su alcance es infinito," una amistad se "Comienza en este mundo, Y culmina junto a Cristo." Al mismo tiempo algunos dijeron "Yo vengo a ofrecer mi corazón" haciéndome querer hacer lo mismo. Desaté mi nudo ahí mismo, cuando me avivé que lo había atado (Pro. 27:6) y dejé brillar mi luz de Cristo, en una forma nueva que me encantó.
Fue una parte muy especial de mi vida cristiano, que nunca olvidaré.